INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA EN PALENQUE

Durante la época colonial la región selva de Chiapas estaba habitada por la etnia Chol que habitaban cerca de lo que hoy conocemos como zona arqueológica de Palenque. 
En aquel entonces la ciudad lo llamaba OTOLUM que en el vocablo significa empalizada o lugar fortificado.
En 1567 Fray Pedro Lorenzo de la Nada, evangelizador de la selva Lacandona, fundo un pueblo al que llamo Palenque, termino que es una traducción de OTOLUM.
A mediados del siglo XVIII, el canónigo Ramón Ordóñez, cura de Ciudad Real (hoy San Cristóbal de las Casas), dio noticia de las ruinas, pero fue hasta 1784 cuando el teniente José Antonio Calderón realizó la primera exploración oficial del sitio.
Calderón hizo algunas descripciones y dibujos del lugar creyendo que fueron construidos por cartaginenses o romanos. Las investigaciones se reanudaron en 1787 cuando el capitan Antonio del Río arribo por parte de la real audiencia de Guatemala.
Y por parte del rey de España en 1807 envío a Guillermo Dupaix quién posterior despertó la curiosidad de viajeros y aventureros Europeos y Norteamericanos. En los que destacaron el conde Jean Frederick Waldeck, John L. Stephens, Frederick
Catherwood y Désiré Charnay, quienes describieron la zona arqueológica durante los siglos XIX.
Cómo trabajo de investigación moderna tenemos al investigado Alfred P. Maudslay quien empezó a trabajar a partir del siglo XX y a él se le debe el primer plano topográfico del sitio.


Un primer capítulo en la recuperación escultórica de Palenque se lo debemos a los descubrimientos de Miguel Ángel Fernández. Durante sus excavaciones en el Palacio descubre cuatro esculturas en piedra, que hoy conocemos como las lápidas del Orador, del Escriba, de la Creación y el Tablero de los 96 glifos. Las dos primeras aparecieron en el lado sur de la Torre, en un altar con tres gradas en cuyos extremos estaban colocadas las lápidas del Escriba y el Orador.

Unos años después de que Miguel Ángel Fernández y Heinrich Berlín marcaran una etapa en la historia de las investigaciones en el sitio, el INAH iniciaría nuevas exploraciones en Palenque, con la participación de numerosos especialistas bajo la dirección del arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier. Su programa de trabajo para la ciudad antigua era:
Entre 1949 y 1958 se llevarían a cabo excavaciones y restauraciones de una decena de edificios, levantando planos y reuniendo una gran colección de artefactos, suficiente para contar con un enorme cuerpo de información arquitectónica, epigráfica, religiosa, iconográfica y funeraria, que le permitió reunir un cuadro cada vez más completo sobre las creencias religiosas, económicas y organización sociopolítica de los antiguos habitantes de Palenque. 


Los hallazgos arqueológicos de Alberto Ruz fueron numerosos y variados, desde la recuperación de ornamentos de piedra, vasijas cerámicas, entierros humanos y esculturas, concluyendo con el gran descubrimiento de la tumba de K’inich Janahb’ Pakal I en el Templo de las Inscripciones.


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